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Nuestra Señora de Guadalupe
Asume y hace crecer sentidos religiosos previos

En congruencia con las características de indios y españoles y con la finalidad que desea alcanzar, en la búsqueda de su cometido y enraizada en su ternura y autoridad maternas, Nuestra Señora de Guadalupe no sólo en el diálogo expresa su cercanía y conduce al protagonismo asumiendo los contextos culturales y circunstanciales de sus interlocutores, sino que, dando un paso más y haciendo con él realmente concreto y efectivo ese diálogo, también aprovecha, superpone y plenifica algunas de las objetivaciones, sentidos, ideas y conocimientos previos de orden religioso de ambos pueblos mencionados (se pueden tomar como ejemplos los temas desarrollados en subtítulos “Tiempo originario” y “Marianismo español”, al final de esta meditación).

Del modo enunciado, admirablemente Ella respetó y fecundó lo bueno y aquello que podía llegar a unir la fe de sus interlocutores indios y españoles al iniciarse el acontecimiento guadalupano, aprovechando así lo que podía mediar simbólicamente entre lo antiguo y lo nuevo, que por eso fue recibido. En conexión con lo puntualizado y, al mismo tiempo, Ella desenfatizó sin negar los aspectos nocivos y las realidades que los separaban [1] .

Ese proceder de Nuestra Señora de Guadalupe resulta particularmente novedoso, cuando lo concreta con creencias y experiencias indias vinculadas con su religión prehispánica. Aquí radica la gran diferencia, entre la metodología que Ella emplea y la de los misioneros de aquella época [2] . Estos últimos

«...en lo que no se rozaba con lo religioso, de lejos o de cerca, tuvieron empeño en  mantener el pasado: conservaron con amor las lenguas, conservaron los usos y costumbres cotidianos, si las creían indiferentes; adaptaron su enseñanza al temperamento y capacidades de los indios...» [3]

En lo estrictamente religioso, podemos decir incluso que es común a Ella y a los frailes, que utilizaron imágenes como medio de transmisión [4] y que «...en los lugares de veneración de las viejas deidades elevaron sus santuarios más famosos...» [5] . Pero la diferencia abismal consiste en que mientras los religiosos, al obrar así lo hacían para reemplazar «...lo antiguo por lo nuevo...»[6] , y «...nunca amalgamaban ni continuaban ni desarrollaban...»[7] las creencias indígenas con y en las que ellos querían comunicar; la Madre de Dios y Madre Nuestra procedió de igual modo, pero para mostrarles a los indios que la doctrina enseñada por los europeos «...no era otra cosa que la culminación de la suya propia»[8] .

Recordemos que los frailes concebían y presentaban el catolicismo imponiendo su propia cultura [9] ; como algo que implicaba para los indios «...la rotura radical y absoluta con todo lo de antes...»[10] y, en ese marco, tanto el anuncio mediado por pinturas como la edificación de un templo cristiano sobre un antiguo teocali buscaba «...barrer con el espíritu de la comunidad civil y religiosa del indígena...»[11] . Los frailes no presentaban su fe «...como el perfeccionamiento y plenitud de las religiones...» [12] prehispánicas. Pero Nuestra Señora de Guadalupe, por su aparición e intervención, donde los cristianos sólo habían destruido el templo preexistente a su llegada en 1519 sin edificar otro, originó una casita sagrada y dejó su imagen admirable, que tanto españoles como indios edificaron, percibieron y visitaron como propia. Se superó así, nos parece, toda posibilidad y actitud terrena de la época, en «...asombroso derroche de habilidad al manejar dos teologías tan distintas...»[13] ; y al dirigirse «...a dos sensibilidades exacerbadas en condiciones trágicamente conflictivas...»[14] , logró  «...una perfecta ‘inculturación’, un engaste de belleza y justeza insuperables del Evangelio...» [15] , tanto en la cultura española como en la india. En el caso de esta última inculturación, sucedió en forma muy clara e inequívoca para los indios y discreta e imperceptible para los españoles, que nunca la hubieran podido aceptar [16] . Resulta todavía más impresionante, que ese proceder, de algún modo sigue continuándose en consonancia con el final abierto del relato, con respecto a la cultura y modo de ser específico de los hombres de nuestro tiempo [17] .

«María, desde este primer momento, evangeliza con una ternura, acierto, sobriedad y verdad que, consideradas las intricadísimas circunstancias, pueden en verdad considerarse sobrehumanos: Ni quiere forzar a los españoles a un salto de siglos en su desarrollo teológico, imponiéndoles aceptar la validez de la religión de los indios, ni ser menos que inequívocamente explícita en reconocérsela a éstos. ¿Podría una mente humana, en ese momento, resolver ese problema?  Y Ella lo hace con tanta naturalidad y sencillez que parecería que no hubiese problema alguno: Es transparentemente clara con ambos, sin engañar, ofender o desplazar a ninguno» [18]

Y es por esto, que tal como ocurre con el aumento cuantitativo y cualitativo de los espacios y, por ende, de los tiempos compartidos por los protagonistas del Nican mopohua, sentidos presentes en sus experiencias religiosas previas, se fusionarán y adquirirán en el acontecimiento inicial del fenómeno guadalupano alcances y profundidades mayores; novedades en la continuidad que ellos nunca habían soñado, o podido alcanzar por sí mismos y que incluso, de parte española, no pudieron comprender en ese momento histórico.

Breves ideas para ayudar a la apropiación
  •       Que respetando el modo de ser de todos nuestros interlocutores, los ayudemos a crecer en el bien y sepamos disimular sus debilidades...
  •       Que procediendo así los confirmemos y ayudemos a plenificar su fe y cultura, testimoniando el evangelio y abiertos a diálogos interculturales...
  •       Que veamos el sentido profundo de los gestos de fe del pueblo, y que siempre nos dejemos enseñar por los aciertos y riquezas de los demás, para luego poder compartirles los nuestros de modo amable y entendible...
  •       ¿Somos factores humanos y existenciales, fomentando que otros lo sean, de gratitud, integración y crecimiento de las riquezas de los demás o, incorrectamente, las desechamos e intentamos imponer las propias?...
  •       ¿Sabemos aprovechar las estructuras simbólicas de nuestros interlocutores dándoles una nueva preñanza?. ¿Contextualizamos nuestro proceder, pero asumiendo y plenificando las significaciones y sentidos de sus objetivaciones culturales?...

Tiempo originario

En la cultura india «...dominada por el cómputo de los días, los años, las épocas...» [19] , nunca las informaciones temporales son meramente indicaciones cronológicas, ya que el tiempo es parte integrante de la esencia de las personas, acontecimientos y civilizaciones [20] .

Este aspecto, que ni siquiera entraba en la órbita de la atención de los españoles, es también aprovechado con sus sentidos religiosos por Nuestra Señora de Guadalupe. Las indicaciones temporales, señalan que distintos hechos que componen el acontecimiento inicial del fenómeno que Ella desencadena, comienzan a ocurrir en la noche y, por lo tanto, están relacionados con una intervención divina creadora [21] . La «...expresión española ‘muy temprano’, ‘muy de madrugada’[...] se dice en náhuatl: "huel oc yohuantzinco", que literalmente es ‘muy todavía en la venerable noche’, o ‘en la nochecita’...» [22] , momento que en su cultura implica el comienzo, gestación y formación de algo verdadero, fecundo y  originario.

Es que para los mexicanos «‘cuando aún era de noche’[...] denota la idea de ‘en el principio, en los orígenes del mundo’»[23] . De este modo, la referencia a ese momento, lejos de tener implicancias negativas o siniestras como ocurriría para una mentalidad española, se asocia y remite al comienzo de la existencia de todo lo creado, o al inicio de una realidad fundamental [24] . Además de lo anterior y en conexión con ello,

«...aludía al ‘rescate de la cultura’; ‘principio de algo importante para todos’; ‘nuevo orden de cosas’.  Todo esto, pues, puede compararse con la categoría bíblica de ‘Principio’, ‘En el principio’, que, como sabemos, también denota: ‘eternidad’, ‘comienzo de las cosas’, ‘tiempo saludable’, contextos afinadamente aptos al mensaje que se quería transmitir. Una prueba más de lo genial que fue el ‘libretista’ que ‘escenificó’ el Acontecimiento Guadalupano para inculturar el Evangelio en la mente de sus nuevos destinatarios, pese a que lo hacía a través de otra cultura perfectamente distinta.» [25]

Destinatarios que inequívocamente comprendían entonces, que el accionar de Nuestra Señora de Guadalupe, inauguraba un período de salvación y era principio y origen de un mundo y una sociedad nueva, dicho mensaje se reforzaba considerablemente, si tenemos es cuenta que el año y la fecha de las apariciones son altamente significativas; ya que se cumplía un período de doscientos ocho años solares y, en consecuencia, esperaban y tenían expectativa de algún acontecimiento importante [26] .

Ellos, a diferencia de nosotros, que lo hacemos cada cien años, computaban un siglo como de ciento cuatro años solares. La razón afinca en que poseían tres calendarios que no coincidían entre sí, sino cada esta última cantidad de años, y eran los siguientes: uno igual al nuestro, de trescientos sesenta y cinco días y fracción, que constaba de trescientos sesenta días más cinco días nemonteni o vacíos, considerados nefastos; otro adivinatorio: el tonalámatl, de doscientos sesenta días, y el de Venus, de quinientos ochenta y cuatro días [27] .

Fundamentados en cálculos astronómicos muy exactos y precisos, que tenían en cuenta entre otros factores, además del Sol y la Tierra, a Venus y a la Luna, habían detectado dicha coincidencia periódica entre los mencionados calendarios. Y lo trascendente para nuestra consideración, es que se completaban en esos días de diciembre de 1531 ocho medios siglos de cincuenta y dos años solares, con respecto a dos acontecimientos muy trascendentes de su historia como pueblo. Cuatro siglos antes, en el año 1115, habían iniciado por orden de su dios la salida de Aztlan, su patria ancestral, impulsados por la promesa, contra todo esperanza humana, de que él los haría los más grandes de su mundo. En 1323, dos siglos después, había dado comienzo un proceso que culminó con la fundación material de México-Tenochtitlán y el nacimiento de la nación mexicana. Indudablemente y ante su preocupación por la continuidad del tiempo y la pervivencia del cosmos, el acontecimiento guadalupano, ocurrido exactamente dos siglos de ciento cuatro años después, fue asociado a los anteriores hechos divinos, originarios y trascendentes de su pueblo. Y esto último es lo verdaderamente importante, aun cuando las fechas no llegaran a ser totalmente exactas [28] .   

Por otro lado, se redunda también esta significación, si tenemos en cuenta que en ese momento el Calendario Gregoriano, corregido en 1582, tenía un atraso de diez días, y que entonces el día de la estampación de María es precisamente el 22 de diciembre [29] «...primer día del solsticio de invierno, del  ‘triunfo del Sol’ sobre las tinieblas...» [30] ; es decir, el momento del año a partir del cual el tiempo de luz solar empieza a ser mayor que el de la oscuridad nocturna. Y esto adquiere mayor relevancia aún, si consideramos que en ese año, justamente en el amanecer de dicho día, el principal del acontecimiento, se dio la conjunción de Venus, astro central de su calendario, y del Sol, fenómeno astronómico rarísimo y sumamente significativo para ellos, pueblo del Dios Sol [31] . Esto sucedió a tal punto, que todos estos elementos hacen que esta fecha sea, religiosamente hablando, «...matemática y precisamente la más importante en toda la historia india» [32] .

Marianismo español

Por otro lado y en la misma orientación, el providencial nombre de Guadalupe fue tranquilizador para los recelos hispanos y permitió que los españoles la aceptaran «...identificándola con lo más caro e íntimo de su propia devoción mariana...»[33] , ya que Guadalupe, como hemos en parte adelantado, es el «...toponímico de un pueblo de la Sierra de las Villuercas, en la Provincia de Cáceres, donde hacía siglos se veneraba a la Virgen Santísima como Patrona de España, en especial de Extremadura, patria de Cortés y de la mayoría de los conquistadores» [34] .

De este modo, esta manifestación de la Señora se relacionaba con lo más íntimo de sus fibras marianas, que Ella seguía animando haciéndose presente también en la Nueva España. Es más, si consideramos la tradición de Nuestra Señora de Guadalupe de Extremadura [35] y la ponemos en paralelo con los sucesos originados por la Virgen del Tepeyac, vemos que la acción de esta última asume motivos, hechos y sentidos presentes en la anterior y se constituye en una providencial delicadeza y gesto de inculturación para con los conquistadores.

Lo narrado por el Nican mopohua, sin ser y sin estar recargado de características tan fantasiosas, tiene una sorprendente semejanza con la leyenda guadalupana de España y, más aún, con los principales temas que se repiten en numerosos relatos europeos sobre apariciones [36] . En las tradiciones que nos interesan, en ambos casos hay una aparición de María, que se presenta como Madre de Dios, a alguien humilde y dócil a quien le habla con mucho afecto y promete ayuda para otros. Las apariciones se dan en una colina junto al agua, y el vidente es enviado con un encargo para con autoridades eclesiásticas, que al principio no creen y, finalmente, son convencidos por milagros vinculados con la vida y la salud. Además, aparece en ambas una imagen de la Madre de Dios, con signos de maternidad divina, y se culmina construyéndoles pobres casas sagradas, que los mensajeros se encargan de cuidar en contextos históricos de contacto entre pueblos de diferentes culturas; y que, con el tiempo, se transformarán en signos de hispanidad y mexicanidad [37] .

Esas imágenes, además, no se parecen en nada, salvo en el rostro, cuya semejanza es  muy significativa. De cara negra la europea y morena la americana, se podría decir que una es copia de la otra [38] : «...empezó a crecer la devoción de la gente, y pusieron nombre a la imagen nuestra Señora de Guadalupe, por decir que se parecía a la de Guadalupe de España...» [39] .

Dicho parecido en su fisonomía y todas las correspondencias de protagonistas, situaciones, hechos, mensajes y desarrollo posterior del culto, son aspectos analógicos a experiencias anteriores europeas que la Guadalupe americana pone al servicio de su acción, pero trascendiendo muchísimo sus sentidos, al ligarlos con otros de la cultura indígena, lo que los españoles podían percibir en los sucesos de 1531.

Lo anterior se hace particularmente evidente en su imagen, en cuanto es un códice en escritura glífica que la liga con la religión india, y a la vez, una pintura armoniosa, y entonces aceptable para los católicos ibéricos o criollos, con la descripción que el bíblico libro del Apocalipsis hace de la Virgen. 

«Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estellas sobre su cabeza; está encinta, y grita con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz ...» [40]

Y sabemos efectivamente que se llegó a considerar con entusiasmo, que los sucesos del Tepeyac y la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, eran el consumado cumplimiento de dicho anuncio del Apocalipsis [41] .   


[1] Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 7.

[2] Cfr. Chitarroni, El modelo pedagógico, cap. I, especialmente subtítulo Método y actividades, p.102 a 104.

[3] Ricard, Robert, La conquista espiritual de México. Ensayo sobre el apostolado y los métodos misioneros de las órdenes mendicantes en la Nueva España de 1523-1524 a 1572, México: Fondo de cultura económica, 19862 (7ª. reimp. 2002), p. 104 (en adelante citado como Ricard, La conquista).

[4] Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 412, nota 7.

[5] Ricard, La conquista, p. 104.

[6] Ricard, La conquista, p. 105.

[7] Ricard, La conquista, p. 105.

[8] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 13.

[9] Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 115.

[10] Ricard, La conquista, p. 104.

[11] Ramírez, Santiago, El Mexicano. Psicología de sus Motivaciones, México: Grijalbo, 19775, p. 47.

[12] Ricard, La conquista, p. 104.

[13] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 173.

[14] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 173.

[15] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 116. En manejo de la fuente citada remitimos, una vez más, a aclaración de nota 50.

[16] Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 142.

[17] Cfr. Chitarroni, El modelo pedagógico, cap. VI, subtítulo “Mentalidad contemporánea”, p. 247 y 248.

[18] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 173.

[19] Cfr. Segala, Amos, Literatura náhuatl. Fuentes, identidades, representaciones, México: Grijalbo, 1990 (Colección “Los Noventa”), p. 38 (en adelante citado como Segala, Literatura náhuatl).

[20] Cfr. Elizondo, Virgilio, Guadalupe, Madre de la nueva creación, Navarra: Verbo Divino, 1999, p. 57 (en adelante citado como Elizondo, Guadalupe).    

[21] Cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículos 68, 97, 99, 148, 168.

[22] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 124.

[23] León-Portilla, Miguel en Sahagún, Los diálogos, cap. VII, p. 151, nota 14.

[24] Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 124 y Siller Acuña, Para comprender, p. 61.

[25] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 124.

[26] Testimonio oral del Padre Mario Rojas Sánchez, programa televisivo “Los enigmas de Guadalupe”.

[27] Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 121.

[28] Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p.121 y 412.

    Y es muy significativa esa asociación del acontecimiento guadalupano con un hecho divino, originario y trascendente, aunque no sea cierto lo siguiente: según el Calendario Azteca de Tenochtitlán, ese año era “...el inicio de un nuevo siglo azteca, que duraba 52 años, y según su mitología el fin del mundo coincidiría con el final de un siglo, de manera que iniciar ese nuevo día [el de la estampación] significaba que tenía un nuevo siglo por delante”. En Flores Segura, Nuestra Señora, p. 59. Según el Códice Mendocino, un siglo azteca se había iniciado en el ya pasado año 1506. Cfr. Ross, Kurt (comentarista), El Códice Mendoza un inestimable manuscrito azteca, Barcelona: Ediciones del Serbal, 1985, p. 33. (En adelante citado como Ross, El Códice Mendoza).

[29] Cfr. Flores Segura, Nuestra Señora, p. 59.

[30] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 121.

[31] Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 122.

[32] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 122, nota 5.

[33] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 443.

[34] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 442.

[35] Cfr. Nebel, Richard, Santa María Tonantzin Virgen de Guadalupe. Continuidad y transformación religiosa en México, México: Fondo de Cultura Económica, 1995, p. 55 a 64 (en adelante citado como Nebel, Santa María).

[36] Cfr. Nebel, Santa María, p. 68 y 69.

[37] Cfr. Nebel, Santa María, p. 55 y 221 a 224.

[38] Entrevista personal con Monseñor José Guerrero Rosado, febrero de 2.003 .

[39] Enríquez de Almanza, Martín, Carta al rey Felipe II (15 de mayo de 1575). En De la Torre Villar y Navarro de Anda, Testimonios históricos, p. 149.  

[40] Apocalipsis, cap. XII, versículos 1 y 2.

[41] Cfr. Sánchez, Miguel, Imagen de la Virgen María, Madre de Dios de Guadalupe. Milagrosamente aparecida en la ciudad de México. Celebrada en su historia, con la profecía del capítulo doce del Apocalipsis, México: Imprenta de la Viuda de Bernardo Calderón, 1648. En De la Torre Villar y Navarro de Anda, Testimonios históricos, p. 157 en adelante (en adelante citado como Sánchez, Imagen).

 Prólogo
 Introducción
Nican Mopohua

Nuestra
Señora de Guadalupe

 Madre Dios y de los hombres
Madre que ampara y conduce
Viva y presente en su imagen
Dialoga y hace actuar
Asume y hace crecer sentidos religiosos previos

San Juan Diego
Cuauhtlatoatzin

 Hombre de Dios, la Virgen 
y su pueblo

Mensajero digno de confianza

Fray Juan de
Zumárraga

Celoso y honesto pastor

Apariciones
Caracterización orientadora
1a: Cercanía y nombres divinos
2a: Maternidad atractiva y exigente
3a: Presencia que nos confirma
4a: Salvación y comunión


Fuentes

 
 
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Basílica de Guadalupe A.R.  2005