Juan Diego nació en el año 1474 en una población importante,
que colaboró con la victoria española contra México-Tenochtitlan,
llamada Cuautitlan
. Más precisamente, en el barrio o
calpulli de Tlayácac. Su esposa «...se llamó Malintzin y [...] al bautizarse
tomó el nombre de María Lucía...».
Juan Diego no hablaba español y vivió hasta los 74 años de
edad. En
cuanto a su nombre indígena, Cuauhtlatoatzin, si
«...su estirpe era noble […]el
significado sería: ‘El señor que habla como águila’. Si
su condición era la de macehual […] el significado sería:
‘El que habla como águila’, es decir, ‘cosas elevadas, prudentes’». En todo caso y al margen
de su linaje, la «...venerable Águila que habla...»o
el que habla como águila, hace referencia a aquel que explica
la sabiduría de Dios y, teniendo en cuenta la mentalidad asociativa
de los indígenas, la de su pueblo; puesto que el águila
era el símbolo del Dios Sol y del pueblo del Sol.
Al producirse las apariciones y con 57 años de edad, era para
ese momento un hombre al borde de la ancianidad, que hasta
poco antes había vivido toda su niñez, adolescencia, juventud
e incluso parte de su madurez, en el regazo de la antigua
cultura y religión.
Aún en vida, los indios acudían a su intercesión, ya que lo
consideraron y estimaron como modelo de vida; seguramente
llegaron a apreciarlo así teniendo en cuenta también criterios
prehispánicos, a luz de los cuales juzgaban como los mejores
entre los mejores a quienes reunían condiciones tales como
las siguientes: ser «...virtuoso, humilde y pacífico,
y considerado y cuerdo, y no liviano, y grave, y riguroso,
y celoso en las costumbres, y amoroso, y misericordioso,
y compasivo y amigo de todos y devoto, y temeroso de dios».
Ya convertido, sus vecinos lo llamaban el peregrino, por las
largas caminatas que realizaba a solas para ir a recibir
la catequesis y oír misa. Su fama de buen indio y cristiano, y su
acción de varón santo y de oración, que viviendo heroicamente
la fe, la esperanza y la caridad fecundó su mundo, trascendieron
los límites de su vida temporal y actualmente han sido rubricadas
por su inclusión en el canon de los santos de la Iglesia
Católica.
El término que utiliza el autor del Nican mopohua
para designarlo es macehualzintli, traducido por
indito. Es una palabra compuesta que termina con el diminutivo
tzintli o tzin que connota reverencia, cariño
y aprecio y de ningún modo menosprecio.
En perfecta armonía con lo ya expresado, el relato lo presenta
buscando las cosas de Dios y concurriendo a pie y por devoción
a la misa del sábado. Recordemos que era, tal como ocurre
aún hoy, una celebración de asistencia no obligatoria y
que se realizaba en honor de la Madre de Dios.
Al igual que su tío, consideraba que los sacerdotes católicos,
imágenes del Señor Dios amadas por El, eran quienes les
proporcionaban las realidades divinas. Se precisa con muchísima exactitud que
era feligrés de Tlatelolco, sede evangelizadora desde
la cual en 1531 se atendía Cuauhtitlan, y sitio específico del
cual en ese momento era habitante o en el cual tenía alguna
propiedad
«…fijémonos que el texto lo llama ‘vecino de Cuauhtitlan’…
esa palabra traduce a ‘chane’= ‘Dueño de casa’,
de chantli= ‘casa’ y el posesivo ‘e’,
de modo que indica tanto ‘habitante’, ‘residente’
como ‘propietario’, ‘casateniente’. No contradice,
pues, la tradición […] de que al tiempo de las apariciones
vivía en Tulpetlac, más cerca de México, conservando
la propiedad de su casa natal, en Cuauhtitlán. Además
de que, aun cuando residiera establemente en Tulpetlac,
seguía viviendo legalmente en Cuautitlán, en el ‘Reino
de Cuauhtitlán’, al que Tulpetlac pertenecía.»
Breves ideas para ayudar a
la apropiación