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San Juan Diego Cuauhtlatoatzin
Mensajero digno de confianza

En referencia a su extracción social de origen, cuestión sobre la que hay distintas posturas, a la luz de su condición de heredero y dueño de inmuebles y dado que esto era un privilegio de los nobles, no nos quedan dudas al respecto [1] . Posiblemente, además de noble, haya sido un príncipe; de todos modos, nuestro texto lo denomina y presenta pobre. Lo cual, por otro lado, coincide con la situación en que quedó también la aristocracia india que había ayudado al triunfo español [2] . De haber sido de este modo, sin duda, su circunstancia a los 57 años de edad, era mucho más dolorosa y vergonzosa, fruto del impacto de la conquista que había cooperado a consumar [3]

De este modo, Juan Diego era ya sea «...por nacimiento o por empobrecimiento, un macehual, un hombre del pueblo...» [4] . Es por todo esto que, por más austeramente que viviera Zumárraga, su situación la percibiría como opulenta este indio pobre y tan distanciado, socialmente hablando [5] . Al concurrir a ver al obispo y por más que anteriormente hubiera sido un príncipe, su actual condición, la certeza de que el obispo era un sacerdote Tlatoani o de la máxima jerarquía, la memoria del despotismo y el terror que en ocasiones se había vinculado a ese título en tiempos prehispánicos [6] y, posiblemente, su conocimiento del proceder de Zumárraga en relación con las imágenes y templos indios (ver meditación sobre Zumárraga), aumentarían el temor e inseguridad de Juan Diego.

Por otro lado, no le fue bien en la primera entrevista con el prelado, y esto reforzó su estado anímico negativo. Herido en su fina sensibilidad india porque no se había creído en él, y por haber en consecuencia fracasado inicialmente en su misión, se comprende pues el abatimiento de Juan Diego. También, y ante el temor de que nuevamente fuera rechazado el pedido que era enviado a hacer, su tristeza, llanto y ponerse de rodillas durante la segunda entrevista [7]

Viviendo dichas situaciones, se lo describe como un hombre de admirable personalidad, llena de cualidades y de un comportamiento hondamente enraizado en virtudes muy queridas y cultivadas en el México prehispánico.

Así, en sus saludos, palabras y actitudes, se encuentran muchos ejemplos de la sutil delicadeza y cortesía india que se les inculcaba desde la niñez. Delicadeza que combinaba ternura y formalidad, familiaridad y solemnidad, y por la cual también se reconoce inepto e indigno para el cargo que se le encomienda cumplir [8] . Grosería y petulancia hubiera sido para con quien lo enviaba no utilizar frases autodenigratorias; frases que eran de rigor y expresaban honestidad, buena educación e idoneidad y que no manifestaban entonces una baja autoestima o una minusvaloración de las propias capacidades y posibilidades; aunque él aquí también las emplea para sugerirle, pensando más en los intereses de Nuestra Señora que en él mismo, que envíe un mensajero más creíble para el español [9].

Por dicha fineza y exquisitez tampoco en ningún momento cuenta, ni se queja ante Nuestra Señora, de lo malos tratos que recibe de los españoles.

«Si alguien a algún lugar te envía, si allá sólo eres reprendido [...] no por eso vendrás enojado. No en tus labios, no en tu boca vendrá prendido lo que así te ocurrió, lo que te hizo sufrir el haber ido. Y cuando hayas regresado, si luego te pregunta el que te envió, si te dice: ¿Cómo te fue allá a donde fuiste?, luego, con buenas palabras, le contestarás; sólo con suavidad, no jadearás, no luego así le dirás lo que así te afligió...» [10]

Cualquier queja hubiera sido un reproche y una ofensa a Ella que lo enviaba. Su gentileza hace incluso que sea muy suave al describir el comportamiento de Zumárraga y sus colaboradores, y que se atribuya a sí mismo el fracaso de su gestión [11] .

También en la ocasión en la que Juan Diego intenta esquivar a Nuestra Señora de Guadalupe es muy amable, y procede de acuerdo a la más fina etiqueta india: no quiere contestarle que no, quiere evitar tener que expresarle una ruda y directa negativa al compromiso de llevar la señal al obispo, algo que en ese momento no puede satisfacer, por atender algo muy importante como lo es el pedido de su tío moribundo [12] .

Nótese incluso lo desinteresado de Juan Diego, a quien no se lo ocurre de ningún modo “cobrarle” a María por su servicio, y no le pide por la salud de su tío cuando Ella se le presenta y sale al cruce de su camino [13] .

Sin tener nunca una actitud desafiante o de reproche, a pesar de que lo enviaba la Reina del Cielo, siempre se presenta ante Zumárraga con muchísima humildad. En su tercera entrevista con él, y al resumir todo lo que ha vivido hasta la misma, también evita hacer referencia a las humillaciones y las angustias que le ha tocado padecer. Detalla sólo los intereses de Nuestra Señora y de este manera suma, a la cortesía y delicadeza, la discreción [14] . Discreción de palabra muy asociada a dicha gentileza y que aconsejaban los  mexicanos: «...ni hables demasiado, ni cortes á otros la plática [...] Si no fuere de tu oficio, ó no tuvieres cargo de hablar, calla, y si lo tuvieres, habla, pero cuerdamente, y no como bobo que presume, y será estimado lo que dijeres...» [15].

Además, Juan Diego es presentado muy diligente y bien dispuesto a renunciar a sí mismo y a obedecer a todos: a Nuestra Señora y a riesgo de su propia vida, cuando lo envía en forma reiterada a pedir al obispo un templo en un lugar sospechado de idolatría. Y cuando, confiando muchísimo en Ella, cree y sigue el pie de la letra su palabra, que le expresa que ya curó a su tío y lo manda a buscar flores en un lugar y en un tiempo en los cuales era imposible su crecimiento [16] .

También obedece a su tío, en los momentos en que se queda a cuidarlo y va a buscarle un confesor, aún cuando para realizar estos servicios deba postergar sus compromisos con la Madre de Dios y con el señor obispo [17] . Y a este último, al mostrarse disponible a sus exigencias de ir a pedir una señal y de que se quedara en el palacio episcopal, cuando ya había entregado la prueba y desearía ir a reencontrarse con su tío al que había dejado moribundo [18] .

Breves ideas para ayudar a la apropiación

  • Que como San Juan Diego Cuauhtlatoatzin sepamos ocuparnos de vivir y expresar la voluntad y mensaje de Nuestra Señora de Guadalupe, afirmados en el amor que Ella nos tiene, para saber sacrificarnos y vencer las dificultades...
  • Que el mensajero digno de confianza nos anime a encarnar las virtudes de las que tan bello ejemplo nos dejó... (se puede centrar la oración o reflexión en alguna de ellas en especial)
  • ¿Con la ayuda de la gracia de Dios, nos ocupamos en cultivar nuestra personalidad para mejor obedecer y buscar los intereses de nuestra Madre, entregándole nuestro ser y voluntad, con diligencia y sin quejarnos?...
  • ¿Nuestro comportamiento manifiesta delicadeza, cortesía y discreción?...


[1] “...Juan Diego[...] se cambió y abandonó su pueblo, dejando su casa y su tierra a su tío Juan Bernardino...”. En Lasso de la Vega, Luis, Totlaconantzin Guadalupe in nican huei altepenahuac México Itocayocan Tepeyacac (El gran acontecimiento con que se le apareció la Señora Reina del cielo Santa María, nuestra querida Madre de Guadalupe, aquí cerca de la Ciudad de México, en el lugar nombrado Tepeyácac), México: Imprenta de Juan Ruyz, 1649. Obra que escribió en 1646 con el título Hvei Tlamahvizoltica Omonoxiti ilhuicac tlatoca cihuapilli Sancta María (El gran acontecimiento con que se le apareció la Señora Reina del cielo Santa María...). En De la Torre Villar y Navarro de Anda, Testimonios históricos, p. 304 y 305 (en adelante citado como Lasso de la Vega, Huei Tlamahuizoltica). Huei Tlamahuizoltica significa literalmente “muy maravillosamente” y es un adverbio que en náhuatl puede significar un sustantivo: “el gran acontecimiento”. Cfr. Chitarroni, El modelo pedagógico, cap. IV, subtítulo “Juan Bernardino”, p. 182 a 184.

[2] “...En una época en que las genealogías se tomaban muy en serio, pues tenían implicaciones fiscales, dos respetables familias demostraron ser descendientes de Juan Diego, el vidente del Tepeyac. Lo desconcertante  es que siempre habíamos pensado que éste era un pobre de la base más ínfima, y  a quien ellas probaron tener por ancestro era un príncipe de la casa real de Texcoco. ¿Podemos encontrar alguna respuesta a esto en el Nican mopohua?

    La impresión general que nos dá es que Juan Diego [...] ciertamente es pobre: anda solo, tiene que hacer humillantes antesalas, su tío se extraña de que lo acompañen españoles...”. En Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 101. Cfr. Sentíes Rodríguez, Horacio, Genealogía de Juan Diego, México: Tradición, 1998, p. 5 a 69 (en adelante citado como Sentíes Rodríguez, Genealogía).

    Sobre el destino de la aristocracia autóctona aliada a Cortés, es sobre todo Ixtlilxóchitl , quien “...transmite la amargura de ver que los protagonistas auténticos de la conquista, que habían sido los indios, no habían sacado de ella ni siquiera el que se les reconociera.”. En Guerrero Rosado, Los dos mundos, p. 17. Cfr. Ixtlilxóchitl, Fernando de Alva, Obras Históricas, México: Gobierno del Estado de México, Universidad Nacional Autónoma de México, 19973 [Instituto Mexiquense de Cultura, Instituto de Investigaciones Históricas], t. I, Sumaria relación de las cosas de la Nueva España, Apéndice, Número 7, p. 392 y 393 y Compendio histórico del reino de Texcoco, Décimatercia relación, p. 468 y 505.

    Don Fernando de Alva Ixtlilxóchitl y aunque...el nombre nos haría pensar en un indio […] no lo fue; era un mestizo casi del todo español, pues su sangre era blanca por tres cuartos, pero, efectivamente, por parte materna descendía de los Reyes de Texcoco. Nació probablemente en l578 y murió el 25 de octubre de l650, por lo que fue contemporáneo en su juventud de don Antonio Valeriano, a quien conoció sin duda alguna, pues sus familias estaban emparentadas.

    Escribió abundantemente, con perfecto dominio del náhuatl y del castellano, y es una de las fuentes básicas de la historia antigua, especialmente por lo que se refiere a Texcoco…”. En Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 77.

    Si bien es un escritor mestizo, sus fuentes de información son indias (Cfr. Guerrero Rosado, Los dos mundos, p. 16).

[3] Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 105.

[4] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 415.

[5] Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 209.

[6] Cfr. Duran, Historia de las Indias, t. II, cap. LIII, p. 407 y Siller Acuña, Anotaciones y comentarios, p. 156.

[7] Cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículos 46, 72 y 73 y Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 210, 215, 260 y 262.

[8] Cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículo 50 y Guerrero Rosado, Nican mopohua: aquí se cuenta..., p. 42 y 43.

[9] Cfr. Sahagún, Historia general, lib. VI, cap. IX, p. 319 y 320 y Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 226 y 229.

Aún reconociendo el carácter excusante de las palabras autodenigratorias de Juan Diego, puesto que las mismas en su cultura se pronunciaban ante una responsabilidad honrosa y que excedía los merecimientos personales, nos parece inadecuada la interpretación extrema de que serían fruto sólo de la situación social provocada por la conquista. Según dicha interpretación, las palabras de Juan Diego serían autodestructivas y expresión de que el indito se encontraba deshecho como persona, y asimilando ser un sometido y un dominado por los blancos. Cfr. Siller Acuña, Para comprender, p. 74.     

[10]   Guerrero Rosado, Nican mopohua: aquí se cuenta..., p. 43, cita textualmente a Anónimo, Testimonios de la antigua palabra, (Huehuetlatolli),  Exhortación con que el padre así habla, así instruye a su hijo para que bien, rectamente viva, p. 65.

[11] Cfr. Guerrero Rosado, Nican mopohua: aquí se cuenta..., p. 43.

[12] Cfr. Versículos 100 a 104 y Guerrero Rosado, Nican mopohua: aquí se cuenta..., p. 53.

[13] Cfr. Versículos 108 a 116 y Guerrero Rosado, Nican mopohua: aquí se cuenta..., p. 53.

[14] Cfr. Guerrero Rosado, Nican mopohua: aquí se cuenta..., p. 47, 64 y Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículos 162 a 180.

[15] Mendieta, Historia eclesiástica, lib. II, cap. XX, p. 113.

[16] Cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículos 63 a 65 y 175 y Guerrero Rosado, Nican mopohua: aquí se cuenta..., p. 45, 46 y 66.

[17] Cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículos 94 a 98 y Guerrero Rosado, Nican mopohua: aquí se cuenta..., p. 52.

[18] Cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículos 79, 80, 191 a 195 y Guerrero Rosado, Nican mopohua: aquí se cuenta..., p. 49.

 Prólogo
 Introducción
Nican Mopohua

Nuestra
Señora de Guadalupe

 Madre Dios y de los hombres
Madre que ampara y conduce
Viva y presente en su imagen
Dialoga y hace actuar
Asume y hace crecer sentidos religiosos previos

San Juan Diego
Cuauhtlatoatzin

 Hombre de Dios, la Virgen 
y su pueblo

Mensajero digno de confianza

Fray Juan de
Zumárraga

Celoso y honesto pastor

Apariciones
Caracterización orientadora
1a: Cercanía y nombres divinos
2a: Maternidad atractiva y exigente
3a: Presencia que nos confirma
4a: Salvación y comunión


Fuentes

 
 
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Basílica de Guadalupe A.R.  2005